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Tesla anunció el final del Cybertruck y le subió el precio el mismo día. El 6 de noviembre de 2026, Elon Musk publicó en X que la producción en la fábrica de Texas se iría apagando hacia mediados del año que viene para dejar sitio al robotaxi Cybercab. A las pocas horas, la versión más barata que aún podía encargarse costaba 92.490 dólares. Cuando Tesla presentó la camioneta en 2019, prometió un precio de partida de 39.900 dólares.
Esa diferencia, más del doble, resume toda la vida del vehículo. El Cybertruck se convirtió en el coche más reconocible de la década: quien no distingue un Tesla de otro identifica a la primera esa cuña de acero inoxidable. Pero la fama nunca se tradujo en ventas: en el peor trimestre, las propias empresas de Musk compraron casi uno de cada cinco Cybertruck. Tesla montó la línea para 250.000 camionetas al año y ahora vende unas 30.000. Y buena parte de los problemas viene precisamente del acero que lo hizo famoso.
Dos bolas de acero y un cuarto de millón de reservas

El 21 de noviembre de 2019, en el estudio de diseño de Tesla en Los Ángeles, el diseñador jefe Franz von Holzhausen lanzó una bola de metal contra la ventanilla lateral de la camioneta. El cristal, que Tesla llamaba Armor Glass, debía aguantar el golpe. Se agrietó. Lanzó una segunda bola contra la ventanilla de al lado. Mismo resultado. Musk explicó después que, antes de la presentación, alguien había golpeado la puerta con un mazo y eso ya había fisurado el cristal por la base.
El fiasco funcionó mejor que cualquier anuncio. Cinco días después, Musk anunció 250.000 reservas. Reservar costaba 100 dólares, reembolsables por completo, así que cualquier curioso podía guardarse un sitio en la cola del futuro. Las promesas eran tentadoras: un precio de partida de 39.900 dólares, hasta 500 millas (unos 800 km) de autonomía en la versión superior y el inicio de la producción a finales de 2021.

Un acero que ninguna prensa puede moldear
Los coches normales se fabrican con paneles estampados. Una chapa de acero blando entra en la prensa y adopta casi cualquier forma: la curva de una aleta, el abombado de un capó, el trazo de una puerta. El Cybertruck funciona de otra manera. Sus paneles exteriores forman una carcasa estructural de acero inoxidable laminado en frío que Tesla desarrolló por su cuenta. Dentro de la fábrica lo llaman HFS, de Hard Freaking Stainless, algo así como «inoxidable durísimo de narices».
Ninguna prensa corriente puede dar forma a una chapa tan dura. En noviembre de 2023, Musk lo dijo sin rodeos: los paneles de la carrocería tenían que ser angulosos porque no se pueden estampar con una prensa convencional. En su lugar, los láseres cortan el acero directamente de la bobina y unas máquinas lo pliegan en líneas rectas. Para que la herramienta de plegado no marcara la cara visible, Tesla ideó lo que llama plegado por aire. En una visita a la fábrica, Lars Moravy, vicepresidente de ingeniería de vehículos de Tesla, enseñó cómo funciona: el aire sale desde abajo a través de la herramienta inferior y el metal se dobla flotando sobre un colchón de aire. Solo el panel exterior de la puerta, según dijo, absorbe cerca del 75 % de la carga en un choque lateral.
Las superficies planas no perdonan errores. En una aleta curva, una holgura irregular se pierde entre los reflejos. En una cara plana, se ve desde la otra punta del aparcamiento. «Cualquier variación dimensional se nota a la legua», escribió Musk a los empleados en agosto de 2023, y exigió piezas con tolerancias de menos de 10 micras: varias veces menos que el grosor de un cabello humano.
En octubre de 2023, seis semanas antes de las primeras entregas, Musk soltó la frase que acabaría citándose más que cualquiera de sus promesas: «Nos cavamos nuestra propia tumba con el Cybertruck». En la misma conferencia con inversores advirtió de que producir en grandes cantidades sería enormemente difícil y pidió a todos que moderaran las expectativas.
Los quebraderos de cabeza no terminaron con el lanzamiento. El acero inoxidable no solo hay que plegarlo: también hay que pegarlo. En marzo de 2025, Tesla llamó a revisión 46.096 camionetas, casi todas las fabricadas hasta entonces, porque un panel embellecedor de acero que recorre el techo podía despegarse y caer a la calzada. El adhesivo se volvía quebradizo a la intemperie, así que Tesla cambió a otro y añadió refuerzos.
Lo que se prometió y lo que llegó
El 30 de noviembre de 2023, Tesla entregó las primeras camionetas en su fábrica de Texas, y los compradores pudieron ver por fin cuánto quedaba de la promesa de 2019. La versión más barata, con tracción trasera, no llegaría hasta 2025 y costaría 60.990 dólares. La autonomía se quedó entre 250 y 340 millas, es decir, de 400 a 550 km. El precio de entrada era 21.000 dólares más alto de lo prometido y la autonomía máxima, según las cuentas de TechCrunch, se había recortado en más de 100 millas.
Después, el precio subió y bajó como si la empresa buscara compradores a tientas. La versión de tracción trasera llegó por fin en abril de 2025 y se retiró tras 173 ventas. En febrero de 2026, Tesla ofreció la versión de tracción total por 59.990 dólares «solo durante los próximos 10 días». Y el 6 de noviembre, tras anunciar el fin de la producción, la versión básica de tracción total desapareció de la página de pedidos y todas las demás subieron entre 2.500 y 7.500 dólares. La camioneta por la que la gente hizo cola en 2019 nunca llegó a ser asequible.
// La camioneta en cuatro cifras
El mejor cliente vive en la casa de al lado
Tesla no publica por separado las ventas del Cybertruck, así que las cuentas las echan los analistas. Las estimaciones de Kelley Blue Book, la guía estadounidense de precios de coches, citadas por Reuters, situaron las ventas en Estados Unidos en 38.965 unidades en 2024, suficientes para que el Cybertruck fuera la pickup eléctrica más vendida del país. En 2025 las ventas cayeron un 48 %, hasta 20.237.
El último trimestre de 2025 es especialmente llamativo. En Estados Unidos se matricularon ese trimestre 7071 Cybertruck nuevos, y 1279 de ellos fueron a parar a SpaceX, la empresa de cohetes del propio Musk. Si se suman xAI, The Boring Company y Neuralink, los negocios de Musk se quedaron con 1339 camionetas, casi una de cada cinco vendidas ese trimestre. Sin ellas, las matriculaciones habrían caído un 51 % interanual. «A Tesla se le están acabando los compradores del Cybertruck», dijo entonces a Bloomberg Sam Fiorani, de AutoForecast Solutions.

En el tercer trimestre de 2026, Tesla entregó 8295 vehículos clasificados como «otros modelos». Electrek calcula que casi todos eran Cybertruck, lo que da unos 30.000 al año: alrededor del 12 % del plan. Según la última carta de Tesla a los accionistas, la línea en realidad está equipada para 125.000 camionetas al año. Incluso frente a esa cifra, las ventas apenas llegan a una cuarta parte. En tres años, según la estimación de Electrek, los compradores han recibido unas 70.000 camionetas. Ni siquiera el mejor año llegó a una sexta parte del plan.
Razones no faltan. El precio acabó siendo primero una vez y media y luego más del doble de lo prometido. El diseño entusiasmó a unos e irritó a otros. Después de que Musk apoyara a Donald Trump en 2024 y trabajara en 2025 en DOGE, la oficina gubernamental de recorte de gastos, la camioneta se convirtió en blanco de protestas. Y fuera de Norteamérica apenas había dónde venderla.
Peatones contra acero inoxidable
Las normas de protección de peatones dejan al Cybertruck fuera de Europa: los bordes rígidos de acero y las esquinas afiladas no las superan. Andy Palmer, exconsejero delegado de Aston Martin, lo dijo con más crudeza a Reuters: allí donde las normas de choque tienen en cuenta el atropello de un peatón, el Cybertruck «no va a entrar, no puede entrar».
La camioneta solo existe con el volante a la izquierda, así que venderla en Australia, Nueva Zelanda o Japón exigiría rediseñarla. Los australianos llevaban reservándola desde noviembre de 2019, con un depósito de 150 dólares australianos cada uno. El 23 de octubre de 2026, casi siete años después, recibieron un correo: los planes de fabricar el Cybertruck para Australia y Nueva Zelanda se habían cancelado y los depósitos se devolverían en 30 días. Como premio de consolación, Tesla ofreció un año gratis de su software de asistencia a la conducción FSD a quien comprara en su lugar un Model 3 o un Model Y.
// Cronología
- Presentación en Los Ángeles, dos ventanillas «blindadas» agrietadas
- Musk anuncia 250.000 reservas de 100 dólares cada una
- «Nos cavamos nuestra propia tumba con el Cybertruck»
- Primeras camionetas entregadas a compradores en Texas
- Revisión de 46.096 camionetas por un panel de acero que podía despegarse
- Tesla cancela la camioneta para Australia y Nueva Zelanda
- Tesla anuncia el fin de la producción y sube los precios
Un coche sin volante se queda con la nave
El Cybertruck es el tercer modelo que Tesla abandona este año para hacer sitio a algo nuevo. Antes, la empresa puso fin al Model S y al Model X y cedió sus naves a los robots humanoides Optimus. Ahora las naves de Texas son para el Cybercab, un robotaxi biplaza con puertas de mariposa y sin volante, pedales ni retrovisores. Los viajes de pago en Austin empezaron en septiembre y a finales de octubre había 463 matriculados en Texas, según Electrek. Los reguladores de seguridad vial de Estados Unidos siguen esperando a que Tesla explique si un coche sin volante cumple las normas federales.

No todo el mundo se cree lo del espacio. Electrek recuerda que la planta de Texas tiene más de 10 millones de pies cuadrados de superficie industrial, unas 93 hectáreas, o aproximadamente 130 campos de fútbol.
La gran pregunta para unos 70.000 propietarios sigue sin respuesta. Tesla no ha dicho durante cuánto tiempo suministrará piezas para una camioneta que pronto dejará de fabricar.

El día del anuncio, el ingeniero jefe de la camioneta, Wes Morrill, lo resumió así: el Cybertruck «fue una increíble plataforma de desarrollo tecnológico y sigue viva a través del Cybercab». Los compradores recordarán otra cifra. Un Cybertruck de 39.900 dólares nunca salió a la venta. Lo más cerca que estuvo Tesla fue en febrero de 2026: 59.990 dólares, durante diez días.







