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43 minutos y 41 segundos. Eso es lo que necesitó un robot de cuatro patas de Lingyi Technology, una empresa de Pekín, para subir 3100 escalones de piedra del monte Tai, en el este de China. A un turista normal ese mismo tramo le lleva entre hora y media y dos horas. En la categoría de al lado, a los robots les tocó cargar con huevos crudos, sandías y termos, y el mejor tardó 1 hora y 51 minutos. Con la carga a cuestas, la máquina avanzaba al ritmo de un turista sin prisa.
La carrera se celebró el 2 de noviembre de 2026 en la ciudad de Tai’an. Se presentó como un examen para máquinas que deben salir de las ferias y ponerse a trabajar en el mundo real. La montaña calificó las dos partes del examen con total honestidad. Subir escaleras a toda prisa, los robots ya saben hacerlo. El trabajo para el que vinieron es mucho más difícil. En 2019, un porteador de 53 años llamado Geng Yukui comenzaba su subida en la Puerta del Medio Camino, justo donde terminaron los robots. Subía a la cima dos veces al día con unos 50 kilos colgados de una pértiga al hombro. Ese mismo año predijo cuándo dejaría la montaña la gente como él.
Una carrera por la mitad inferior de la montaña
El monte Tai es el pico más alto de la provincia de Shandong y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO; durante siglos, los emperadores chinos lo subían en peregrinación. La corporación estatal China Media Group organizó la primera carrera, desde el pie de la montaña hasta la Puerta del Medio Camino al Cielo. Según Global Times, son 3,9 kilómetros con unos 600 metros de desnivel, más o menos como subir a la azotea de un edificio de 200 plantas. Los escalones varían en altura y anchura, y el más estrecho mide 13 centímetros. Ahí cabe, más o menos, medio pie de adulto.

Casi 90 equipos compitieron con humanoides y robots de cuatro patas, cargaron mercancía y subieron con exoesqueletos. La máquina más rápida fue la de Lingyi Technology, filial del fabricante de robots Unitree: 43 minutos y 41 segundos. A los humanoides la montaña se les hizo más cuesta arriba. El terreno obligó a los organizadores a cortar su recorrido a media subida, en el templo de Doumu, informó TechNode. Por eso su mejor tiempo, 27 minutos y 26 segundos, no se puede comparar con el de los cuadrúpedos. Los participantes con exoesqueletos de varios fabricantes llegaron a la Puerta del Medio Camino en cerca de una hora; sin ellos se suelen tardar dos. Los turistas pueden alquilar estos aparatos desde 2025.
Hubo caídas. Un humanoide con bandana se desplomó hecho un guiñapo sobre el camino empedrado, y los ingenieros corrieron a socorrerlo. Otro rodó escaleras abajo y acabó junto a una papelera.
Huevos, sandías y un termo incómodo
Los robots de carga salían cada dos minutos. Los perros robot llevaban huevos, fideos instantáneos y agua embotellada, además de sandías y termos de formas raras. Los jueces puntuaban tanto la velocidad como el estado de la carga, y cada desperfecto penalizaba. «Los huevos son frágiles», dijo Li Jinxiang, responsable de marketing de GENISOM AI. Su equipo tuvo que ingeniárselas para subirlos sin sacudidas y romper los menos posibles.
Ganó un equipo de Linxai Intelligence con 1 hora, 51 minutos y 29 segundos. Es más de dos veces y media lo que tardó el robot más rápido sin carga.
Los organizadores nunca dijeron cuántos kilos cargaban los robots ni cuántos huevos sobrevivieron. Así que el tiempo es lo único que permite compararlos con los turistas.
Los equipos hablaron sin rodeos de lo que falló. Los motores se recalentaron, los robots reducían su propia potencia y algunos derivaban hacia un lado. Los de carga lo pasaron peor: a varios se les descompuso el paso cuando les cambiaron la carga en los puntos de avituallamiento. Dicho en pocas palabras: la marcha de un robot está ajustada a un peso concreto colocado en un sitio concreto de su lomo. Si la sandía se desplaza, una zancada calculada con precisión empieza a fallar en un escalón de 13 centímetros.

La gente que subía esos huevos cada día
A los porteadores nunca los cronometró nadie, pero su carga de trabajo está documentada. En 2019, el Diario del Pueblo dedicó un reportaje a un porteador llamado Geng Yukui. Tenía 53 años y llevaba más de 30 trabajando en la montaña. Dos veces al día cargaba unos 50 kilos en una pértiga al hombro: dos cestas de huevos y verduras. Su ruta empezaba en la Puerta del Medio Camino, justo donde terminó la carrera de robots, y subía hasta la Puerta Sur del Cielo, en la cima. Ganaba unos 260 yuanes al día, alrededor de 38 dólares.
El oficio ya se estaba apagando. «Hace veinte años nuestro equipo tenía más de 300 porteadores; ahora quedamos 19», contó Zhao Pingjiang, de 69 años, el porteador más veterano de la montaña, ya jubilado por aquel entonces. Geng no se hacía ilusiones sobre lo que venía: «Los porteadores que quedan rondan todos los 53 años, así que dentro de cinco o seis años nos jubilaremos».

Suma cinco o seis años a 2019 y te plantas en 2024 o 2025. Justo cuando llegaron los robots.
// Cronología
- Una cuadrilla de porteadores pasa de más de 300 a 19, casi todos de unos 53 años
- Un perro robot Unitree B2 se prueba en la montaña como recogedor de basura
- Un perro robot entra en plantilla: sube suministros y baja basura
- La primera carrera de robots por los 3100 escalones
Un nuevo porteador, gris plata
El primer trabajo que le ofrecieron a un robot no fueron los huevos, sino la basura. En 2023, el monte Tai recibió 8,6 millones de visitantes, que dejaron casi 24 000 toneladas de residuos. Salen casi tres kilos por visitante, y antes los porteadores lo bajaban todo a hombros.
En octubre de 2024, la montaña probó un perro robot Unitree B2. Sobre el papel puede con hasta 120 kilos. En una subida de prueba recorrió 9,5 kilómetros desde la Puerta Roja hasta la cima en unas dos horas, el doble de rápido que una persona media.
Ma Yufei, jefe del departamento de limpieza del recinto turístico, no se anduvo con rodeos sobre el motivo: «Ahora mismo, los porteadores de Taishan se están haciendo mayores y cada vez cuesta más encontrar mano de obra». En la misma entrevista añadió que los perros robot no pueden sustituir del todo el trabajo humano.
En julio de 2026, el robot, de aproximadamente un metro de largo, ya tenía empleo fijo. Según Xinhua, sube mercancía y baja basura, de 30 a 45 kilos por viaje, y supera pendientes de hasta 45 grados. Aguanta de cuatro a seis horas con cada carga, e indefinidamente si se le cambia la batería.
Sobre el papel, el robot levanta 120 kilos. En los escalones del monte Tai le confían de 30 a 45, algo menos de lo que antes cargaba un hombre en su pértiga.

Un examen que no se aprueba en una feria
Xiang Ligang, presidente del Instituto de Pekín de la Industria de la Era Inteligente, comparó estos eventos con las primeras exhibiciones aéreas y los primeros salones del automóvil. Los senderos de montaña, dijo, dejaron al descubierto los puntos débiles de los robots en equilibrio, percepción y toma de decisiones. Para el sector, la carrera fue «un hito y un baño de realidad».
No fue un examen riguroso. Los resultados los dieron los propios organizadores y las empresas. UNIUBI AI, por ejemplo, aseguró que su pequeño robot Cyvet completó el recorrido en 35 minutos y 47 segundos, casi ocho minutos menos que el ganador. Pero fue en una prueba previa y nadie puede comprobarlo. El peso de la carga no aparece en ningún sitio. El organizador es un grupo de medios estatal, y entre sus tareas está mostrar la robótica china bajo una luz favorable.
Aun así, la montaña dejó clara su lección principal sin necesidad de puesta en escena. Los robots ya suben corriendo sin nada a cuestas. Llevar la compra ajena sin romper nada es una habilidad que todavía están aprendiendo. Los porteadores del monte Tai la practicaron durante décadas, con fríos invernales de hasta 30 grados bajo cero.
En 2019, Geng Yukui pensaba menos en las máquinas que en lo que sobreviviría a su cuadrilla. «Será una pena que este oficio desaparezca, pero espero que el espíritu de los porteadores no se apague nunca».







