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«Me preocupa un poco que se esté dejando correr el “reloj” en este partido… a este ritmo, puede que no quede un Hubble que salvar». Jared Isaacman, multimillonario y astronauta privado, lo publicó en X en enero de 2024. Se había ofrecido a pagar la mayor parte de una misión: llevar una tripulación de SpaceX hasta el telescopio y empujarlo más arriba. La NASA dijo que no.

El 29 de octubre de 2026, la propia NASA preguntó a las empresas cómo atraparían el Hubble y lo subirían al menos a 600 km.

Hoy la agencia la dirige el mismo Isaacman que advirtió que pronto podría no quedar nada que salvar.

Desde 2009, el Hubble lleva un anillo en la parte trasera. Los astronautas lo colocaron para que algún día un robot pudiera agarrarlo y guiar el telescopio ya jubilado hacia una zona desierta del océano. Ahora esa misma asa podría mantenerlo en vuelo otros 25 años.

El Hubble tras separarse del transbordador Atlantis el 19 de mayo de 2009; en su parte trasera se ve el anillo del mecanismo de captura suave
El Hubble tras separarse del transbordador Atlantis el 19 de mayo de 2009; en su parte trasera se ve el anillo del mecanismo de captura suaveFoto: NASA / Wikimedia Commons · Public domain

Un telescopio que no deja de hundirse

El Hubble pesa unas 12 toneladas y es tan largo como un autobús escolar grande. No tiene motor. A su altitud casi no queda aire, pero «casi» no es «nada»: en cada vuelta, ese gas tenue frena el telescopio, que baja un poco más.

En 2002, cuando lo visitó el transbordador Columbia y lo elevaron por última vez, el Hubble volaba a 583 km. Desde entonces ha caído 113 km y ahora orbita a unos 470 km. La última visita de un transbordador, en 2009, dejó la órbita como estaba, y dos años después los transbordadores se retiraron. Ya no quedaba nada capaz de darle un empujón al Hubble.

Lo rápido que cae depende del Sol. Un Sol activo calienta la alta atmósfera, que se hincha y frena con más fuerza todo lo que hay en órbita baja. En 2024 la NASA esperaba que el Hubble aguantara arriba al menos hasta 2035. Ahora se prevé que reentre en 2033 o 2034, así que cualquier rescate tendría que despegar, a más tardar, en 2032.

Si cae el Hubble, cae con él el universo que casi todos imaginamos al pensar en el espacio: nebulosas luminosas, galaxias que chocan, campos profundos repletos de miles de diminutas espirales. El Hubble ve sobre todo la misma luz visible que nuestros ojos, pero recoge 40 000 veces más. Hasta marzo de 2024, la NASA contaba más de 1,7 millones de observaciones y más de 23 000 artículos científicos basados en sus datos.

Un impulso hasta los 600 km probablemente mantendría al Hubble en órbita al menos 25 años más, calcula Ars Technica. Por ahora nada puede sustituirlo: el Webb y el recién lanzado telescopio Roman observan en infrarrojo. El verdadero sucesor del Hubble en luz visible y ultravioleta, el Habitable Worlds Observatory, no despegará antes de la década de 2040.

En cada órbita, el aire tenue frena al Hubble y lo hace bajar un poco
En cada órbita, el aire tenue frena al Hubble y lo hace bajar un poco

El regalo que la NASA rechazó

Isaacman llevó su idea a la NASA en 2022. Una tripulación en una Crew Dragon se acoplaría al Hubble, lo subiría al menos 50 km y quizá le instalaría un módulo con giroscopios nuevos, e Isaacman pagaría la mayor parte de la factura. En septiembre de 2022, la NASA y SpaceX acordaron un estudio sin coste para el gobierno. La agencia también invitó a otras empresas a presentar ideas y recibió ocho respuestas.

El plan no convencía a todos en la NASA, según muestran correos internos que NPR obtuvo mediante una solicitud de acceso a la información pública. Dana Weigel, responsable del programa de la estación espacial, escribió que «la visión de SpaceX sobre los riesgos y su disposición a aceptarlos es considerablemente distinta de la de la NASA» y se mostró preocupada por «la extrema inmadurez del traje espacial». El astronauta John Grunsfeld, que en 2009 había instalado precisamente ese anillo en el Hubble, planteó otra cuestión: «si hace falta elevarlo ahora o más adelante».

Para Isaacman, sopesar riesgo y recompensa era «de cajón». En junio de 2024 la NASA lo descartó. «Tras estudiar las capacidades comerciales actuales, no vamos a llevar a cabo una elevación de órbita por ahora», dijo Mark Clampin, entonces jefe de la división de astrofísica de la agencia. Más tarde calificó los planes de Isaacman y SpaceX de «en realidad, simples ideas sobre el papel».

¿Qué cambió en dos años? El Sol aceleró la caída del Hubble, y la reentrada prevista pasó de 2035 como pronto a 2033 o 2034. El rescate fallido de otro telescopio, Swift, demostró que una misión así cuesta decenas de millones de dólares, no miles de millones. Y el propio Isaacman dirige ahora la NASA.

Un anillo pensado para un funeral

En mayo de 2009, el cuarto día del último vuelo de reparación, Grunsfeld y Andrew Feustel terminaban el primer paseo espacial. Su última tarea del día fue instalar el mecanismo de captura suave en la parte trasera del telescopio. Según la Agencia Espacial Europea, el anillo está ahí para ayudar a bajar el Hubble de forma segura cuando termine su vida útil. Cinco días después, Megan McArthur usó el brazo robótico del Atlantis para sacar el Hubble de la bodega de carga y soltarlo sobre África. «El Hubble está suelto y ha retomado, sano y salvo, su viaje de exploración», comunicó por radio a Houston el comandante Scott Altman.

El anillo se instaló para una reentrada controlada, pero podría servir para un rescate
El anillo se instaló para una reentrada controlada, pero podría servir para un rescate

Este año Swift demostró lo mucho que importa tener un asa. El pequeño telescopio, cazador de estallidos de rayos gamma, también estaba cayendo, y la NASA pagó 30 millones de dólares a una empresa llamada Katalyst para construir una grúa robótica en nueve meses. Swift no tenía nada a lo que agarrarse. Como lo resumió el jefe de Katalyst, Ghonhee Lee, no tenía «ninguna interfaz, ni punto de agarre, ni puerto USB al que conectarse». Antes del lanzamiento de Swift en 2004, recordó Lee, nadie le hizo siquiera una foto a su parte trasera. En la del Hubble hay un anillo con dianas.

La grúa, LINK, despegó en julio de 2026, pero tres semanas después una válvula defectuosa la dejó dando tumbos, y la nave gastó todo su combustible. Como mucho llegó a estar a entre 12 y 15 km de Swift: lo bastante cerca para hacer fotos, demasiado lejos para agarrarlo. El 25 de septiembre LINK se desintegró en la atmósfera antes que el telescopio que venía a salvar, y el 23 de octubre la NASA dio por terminada la misión Swift. La historia completa está en otro artículo.

La NASA sacó de ahí algo más que una decepción. El fracaso demostró que una misión de rescate puede costar decenas de millones de dólares, mientras que se calculaba que un proyecto gubernamental de mantenimiento de satélites, luego cancelado, costaría miles de millones. Eso sí, el Hubble vale mucho más que Swift, así que a la agencia le gustaría dar a un contratista más de 30 millones de dólares y más de nueve meses, según Ars Technica. Cuánto más, nadie lo sabe: la NASA no tiene dinero reservado para una misión así.

Quién podría ir a por el telescopio

La solicitud de la NASA es breve y estricta. Las empresas pueden proponer una de tres cosas: elevar el Hubble al menos a 600 km, repararlo y mejorarlo, o guiarlo hacia una reentrada controlada. El contratista aporta el cohete, la nave de servicio, las operaciones de la misión y «tripulación, si procede». La NASA dejó clara la condición principal: la misión no debe dañar el telescopio y se espera que se realice antes de 2032.

Una reparación tiene un objetivo evidente. El Hubble necesita giroscopios para apuntar con precisión, y desde junio de 2024 se orienta con uno solo y guarda otro en buen estado de reserva. El director del proyecto, Patrick Crouse, situó por encima del 70 % la probabilidad de «mantener al menos un giroscopio en funcionamiento hasta 2035». Si un rescatador quiere salvar la vista del Hubble, y no solo su altura, tendrá que llevarle giroscopios.

El brazo robótico del Atlantis saca el Hubble de la bodega de carga antes de soltarlo, el 19 de mayo de 2009, al final de la última misión de mantenimiento
El brazo robótico del Atlantis saca el Hubble de la bodega de carga antes de soltarlo, el 19 de mayo de 2009, al final de la última misión de mantenimientoFoto: NASA on The Commons / Wikimedia Commons · Public domain

El «más adelante» de Grunsfeld ha llegado, y la nave en la que quería volar Isaacman tiene los días contados: SpaceX planea retirar la Crew Dragon para 2030, según Ars Technica. El propio Isaacman espera que la solicitud «despierte el interés de las empresas de robótica». Cada año hay más: a principios de 2026, informa el mismo medio, Northrop Grumman y DARPA, la agencia de investigación del Pentágono, lanzaron el satélite robótico de servicio más sofisticado del mundo.

Aun así, el sector sigue siendo frágil. El 3 de noviembre de 2026, la NASA informó de que había perdido el contacto con la primera nave Otter de Starfish Space, una de las empresas con contrato para una demostración de servicio en órbita. El propio software de protección contra fallos de Otter mantiene su radio apagada por error, y la NASA y Starfish han concluido que la nave no se puede recuperar.

Seis años para robots que aún no existen

// Cronología

  1. Última elevación de la órbita.
  2. Última reparación; se instala el anillo en la parte trasera.
  3. La oferta de Isaacman.
  4. La NASA la rechaza; el Hubble pasa a funcionar con un solo giroscopio.
  5. La NASA pide a las empresas planes de rescate.
  6. Fecha límite para las respuestas.
  7. Fecha límite para la misión.
  8. Reentrada prevista si no se hace nada.

La NASA no promete comprar ninguna misión. Primero quiere saber quién podría llegar, cuánto costaría y si alguien puede lograrlo antes de 2032. En ese plazo alguien tiene que construir una nave y atrapar a la primera un telescopio de 12 toneladas. Puede que no haya otra.

En 2024, a Isaacman le preocupaba que a este ritmo no quedara un Hubble que salvar. Ahora es su propia agencia la que mira el reloj.

La NASA acepta respuestas hasta las 15:00, hora del este de EE. UU., del 30 de noviembre de 2026. El Hubble tiene 36 años, y el anillo de captura lleva 17 de ellos esperando en su espalda.