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Veintinueve voluntarios sanos de Oulu, en Finlandia, terminaron una sola sesión con alrededor de un tercio más de amiloide en la sangre. Los investigadores lo interpretan como una buena señal: el amiloide, la proteína que forma placas en el alzhéimer, parece haber salido del cerebro. Los voluntarios se pusieron una pastilla corriente de nitroglicerina bajo la lengua y se tumbaron en un colchón vibratorio. La nitroglicerina es el explosivo de la dinamita de Nobel, y el propio Nobel se negó a tomarla como medicamento. Sin fármacos nuevos y sin cirugía.

El estudio, de la Universidad de Oulu y el Hospital Universitario de Oulu, se publicó en Nature Communications el 3 de noviembre de 2026. Pone a prueba un mecanismo en personas sanas. No es un tratamiento.

La limpieza que suele hacerse de noche

El cerebro gasta mucha energía, y sus células dejan restos: fragmentos de proteínas, moléculas usadas. El tejido cerebral no tiene vasos linfáticos, así que el lavado corre a cargo del líquido en el que flota el cerebro. Ese líquido circula por canales estrechos a lo largo de los vasos sanguíneos, recoge los desechos disueltos y los lleva hacia las venas y los ganglios linfáticos del cuello. Los científicos llaman a esta red sistema glinfático, un nombre que combina «linfático» y las células gliales, que ayudan a dirigir el flujo.

Casi toda la limpieza ocurre mientras dormimos. En 2013, el grupo de Maiken Nedergaard en la Universidad de Rochester demostró en ratones que durante el sueño el espacio entre las células cerebrales se ensancha un 60 %. El líquido circula con más libertad y el amiloide se elimina más rápido. Su laboratorio fue el primero en describir el sistema, y ella firma también el nuevo artículo.

Con la edad, el flujo se debilita. Los vasos se dilatan peor, y el amiloide soluble que no se evacua empieza a agregarse en depósitos insolubles. De ahí la idea del equipo finlandés: darle un empujón al líquido durante el día y retirar la proteína mientras todavía flota suelta.

El cerebro hace casi toda su limpieza durante el sueño
El cerebro hace casi toda su limpieza durante el sueño

La pastilla que Nobel rechazó

El primer empujón lo dio la nitroglicerina. En el cuerpo libera óxido nítrico, que relaja las paredes de los vasos sanguíneos. Los vasos se ensanchan y la presión arterial baja.

Esta pastilla tiene su historia. Al final de su vida, Alfred Nobel tenía problemas de corazón, y su médico le recetó el mismo compuesto que él había convertido en dinamita. Según el comité del Nobel, Nobel se negó a tomarlo porque sabía que provocaba dolor de cabeza. En una carta escribió: «Es irónico que ahora mi médico me ordene comer nitroglicerina». En 1998, el Nobel de Medicina premió los descubrimientos que explicaron cómo funciona el fármaco: a través del óxido nítrico.

Alfred Nobel, fotografiado por Gösta Florman
Alfred Nobel, fotografiado por Gösta FlormanFoto: Gösta Florman (1831–1900) / The Royal Library / Wikimedia Commons · Public domain

Los voluntarios finlandeses tomaron dos comprimidos de 0,5 mg bajo la lengua, con unos 20 minutos de diferencia. La presión sistólica, la «máxima», bajó de media de 134 a 114 mmHg, alrededor de un 15 %. Un truco parecido ya había funcionado en ratones: bajarles la presión durante un rato ayudaba al líquido a sacar más rápido del cerebro las moléculas grandes.

El segundo empujón vino de la vibración. Las paredes de los vasos sanguíneos tienen una proteína llamada Piezo1 que detecta la presión mecánica. En ratones, activarla aumentó el drenaje de las membranas que envuelven el cerebro y mejoró la memoria. Los médicos no tienen ninguna pastilla que active Piezo1, así que el equipo sacudió el sensor desde fuera. Los voluntarios se tumbaron en un colchón vibratorio corriente, que una empresa finlandesa vende como producto de relajación. Zumbaba a entre 22 y 50 hercios, un rumor grave que se siente más que se oye. Importaba el patrón: la vibración llegaba en oleadas con pausas, porque el sensor se acostumbra enseguida a una sacudida constante y deja de responder.

La vibración duró 37 minutos, y el segundo comprimido se tomó con la sesión ya empezada. Los voluntarios pasaron más o menos la mitad de ese tiempo con los ojos cerrados. El equipo les escaneó el cerebro antes y después, y les sacó sangre antes del procedimiento y una hora y media después del primer comprimido.

Lo que apareció en la sangre

// Después de la pastilla y la vibración

+32 %amiloide beta 40 en la sangre
+35 %amiloide beta 42, el tipo más propenso a agregarse
+31 %GFAP, una proteína de las células de soporte del cerebro
−15 %presión sistólica durante el procedimiento

Las cifras están corregidas por la dilución de la sangre, y esa corrección importa. La nitroglicerina diluye la sangre en torno a un 5 %, así que la concentración de cualquier proteína debería caer. Estas, en cambio, subieron.

Otras dos proteínas cerebrales, la cadena ligera de neurofilamentos y la tau, no se movieron. Los autores clasifican ambas como proteínas más grandes y proponen que el camino del cerebro a la sangre funciona como un colador: las proteínas pequeñas pasan y las grandes se quedan atascadas. Si es así, el método solo podría ayudar al principio, antes de que el amiloide se haya agregado.

Las proteínas pequeñas pasaron del cerebro a la sangre; las grandes se quedaron
Las proteínas pequeñas pasaron del cerebro a la sangre; las grandes se quedaron

Apareció otra pauta: cuanto más bajaba la presión de una persona, más proteína acababa en su sangre.

Las imágenes dieron una pista de adónde fue la proteína. Tras el procedimiento, las grandes venas de la parte posterior de la cabeza se veían más brillantes, y cuanto más brillaban, más amiloide aparecía en la sangre. El propio tejido cerebral se oscureció de media un 4,6 %. En este modo del escáner, eso significa que el tejido retiene menos agua unida a proteínas.

«Por primera vez obtuvimos pruebas de que proteínas procedentes del cerebro pasaban directamente a las grandes venas de la parte posterior del cerebro, algo que no se había observado antes ni siquiera en modelos animales», dijo el profesor Vesa Kiviniemi, que dirige el grupo, en el comunicado de la universidad. Según el comunicado, el efecto se parecía en gran medida a lo que hace el cerebro durante el sueño. «Las proteínas dañinas se eliminaron del cerebro con más eficacia de lo habitual», contó la primera autora, Johanna Tuunanen, a Medical Xpress.

Hasta dónde llegan, por ahora, las pruebas

Empecemos por quién participó. Los 29 voluntarios, de 27 a 61 años, trabajaban en la universidad o en el hospital, respondieron a una invitación por correo electrónico y participaron sin cobrar. Ninguno era paciente, y nadie midió la memoria ni las placas.

Hospital Universitario de Oulu, donde se hicieron las sesiones, 2014
Hospital Universitario de Oulu, donde se hicieron las sesiones, 2014Foto: Estormiz / Wikimedia Commons · CC0

Que aparezca más proteína cerebral en la sangre admite dos lecturas. Una: el cerebro expulsa mejor los desechos. Dos: la barrera entre el cerebro y la sangre se abrió un poco durante un rato. Si la correcta es la segunda, las cifras muestran una barrera más permeable, no un cerebro más limpio. Este experimento no permite distinguir entre ambas. Los autores no descartan la segunda lectura, y escriben que los registros de la actividad eléctrica del cerebro también apuntan a una fuga breve. La GFAP también sube en la sangre después de una conmoción cerebral, y los propios autores hacen esa comparación. Los datos publicados la sitúan en unos 1200 picogramos por mililitro de media tras un traumatismo craneal leve; sus voluntarios tenían unos 85 después del procedimiento.

Solo se sacó sangre en la sesión combinada, así que los análisis no pueden separar el efecto de la vibración del de la pastilla. Cada persona pasó por el procedimiento una sola vez, y nadie comprobó si años después tendría menos placas. El equipo recogió los datos entre noviembre de 2021 y octubre de 2023; el artículo salió tres años después.

Próxima parada: los primeros problemas de memoria

Kiviniemi ve la oportunidad de actuar antes de que la enfermedad se instale. «Ahora también podemos retirar las proteínas mientras siguen siendo solubles, antes de que formen depósitos sólidos», dijo a Medical Xpress. El siguiente paso del equipo es probar el procedimiento en personas con problemas de memoria en fase temprana.

Nobel rechazó este fármaco porque le daba dolor de cabeza. Ahora los investigadores lo prueban como forma de despejar la cabeza. La pregunta que importa sigue abierta: ¿se traducirá eso en menos placas dentro de unos años?