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Setenta y cinco palabras por minuto y un error cada 17 palabras. Es el resultado que Neuralink publicó en X el 28 de octubre de 2026: una persona con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) dictando texto a un implante cerebral en la primera semana desde su activación. Hace tres años, el mejor sistema de este tipo se equivocaba más o menos en una de cada cuatro palabras.
Si la cifra se sostiene, es el mejor arranque que ha comunicado un implante del habla: ningún sistema había combinado esta velocidad con esta precisión en su primera semana. Suena a récord. Pero, por ahora, todo el anuncio cabe en dos frases. No dicen cuántas personas participaron, cómo se hizo la prueba ni con qué frecuencia puede el participante hablar así en la práctica. El mejor punto de referencia ya existe: un hombre con ELA que lleva casi dos años hablando en casa a través de un implante y que ha vuelto a trabajar.
Dos frases en lugar de un artículo científico
En esencia, la publicación dice esto. La empresa permite «voz y texto a ritmo de conversación» a personas con ELA. Un participante alcanzó en su primera semana 75 palabras por minuto con una tasa de error del 5,8 % sobre un vocabulario de 125 000 palabras. Ese mismo día, el neurocirujano Nader Pouratian presentó los datos en la reunión anual de NEALS, un consorcio de investigadores de la ELA.
Pouratian dirige el ensayo VOICE. Según su ficha en el registro , es un estudio preliminar en un solo hospital de Dallas, con seis participantes. Su objetivo principal es la seguridad: complicaciones y efectos secundarios durante el año posterior a la cirugía. El habla es un objetivo secundario y se mide como la mejor velocidad alcanzada cada mes.
De ahí surge la primera duda sobre la publicación. Si el ensayo cuenta la velocidad por su pico, las 75 palabras por minuto bien podrían ser el mejor momento y no el promedio. La publicación también omite otra cosa: si el participante leía frases en una pantalla o decía lo primero que se le ocurría. En los implantes del habla la diferencia es enorme, porque repetir una frase dada es mucho más fácil que sostener una conversación.
Cómo dicta el cerebro
Quien apenas puede hablar y tiene un uso limitado de las manos (por ELA, un ictus o una lesión medular) acaba escribiendo con un dedo o con los ojos. Es lento y agotador. De ahí el interés por una línea directa desde el cerebro.
Un implante del habla no lee pensamientos en el sentido habitual. Sus electrodos se sitúan en la zona de la corteza que controla los labios, la lengua y la laringe. Cuando una persona intenta decir una palabra, las neuronas de esa zona se activan casi igual que antes de la enfermedad, aunque los músculos ya no respondan. Un programa aprende a reconocer sonidos del habla en esas ráfagas y un modelo de lenguaje une los sonidos en palabras verosímiles. Piense en el autocorrector del móvil, solo que las teclas las pulsa la corteza.
En septiembre, Neuralink presentó a un participante llamado Terry. Primero entrenó el algoritmo articulando palabras sin sonido; después le bastó con pensarlas y oyó salir su antigua voz por el altavoz. Su implante N1 va dentro del cráneo, se recarga sin cables y envía los datos por radio. Neuralink no aclara si las nuevas cifras son de Terry.
Tres años de carrera en cifras
En agosto de 2023, Nature publicó en el mismo número dos artículos que dieron el pistoletazo de salida a la carrera actual. Los equipos de Stanford y de San Francisco apostaron por la velocidad y se acercaron a la mitad del ritmo del habla normal, pero lo pagaron en precisión. Los autores de Stanford fijaron ellos mismos el listón: una conversación corriente va a unas 160 palabras por minuto.
Después la precisión tomó la delantera. En 2024, un equipo de UC Davis describió en NEJM a un hombre de 45 años con ELA, Casey Harrell. El segundo día su implante entendía el 90,2 % de las palabras, es decir, un error cada diez. Neuralink asegura un error cada 17 en la primera semana, a más del doble de la velocidad que entonces alcanzaba Harrell en conversación libre, aunque se desconocen las condiciones de su prueba.
// Implantes del habla: lo que se ha medido
Laboratorios, 2023
62 palabras por minuto con un 23,8 % de errores sobre un vocabulario de 125 000 palabras (Stanford). 78 palabras por minuto con cerca de un 25 % de errores (San Francisco). Artículos revisados por pares en Nature, un participante en cada uno, sesiones supervisadas por investigadores.
UC Davis, 2024–2026
El 90,2 % de las palabras correctas el segundo día, el 97,5 % a los ocho meses, unas 32 palabras por minuto en conversación libre. Más tarde, por encima del 99 % en pruebas controladas y una media de 56 palabras por minuto en casa a lo largo de 3800 horas. Artículos revisados por pares en NEJM y Nature Medicine, un participante, conectado por cable a un ordenador.
Neuralink, 2026
75 palabras por minuto con un 5,8 % de errores sobre un vocabulario de 125 000 palabras en la primera semana. Implante inalámbrico. Una publicación en X y una charla en un congreso, sin artículo; no se indica cuántos participantes lograron este resultado ni en qué condiciones.
Las 3800 horas de Casey Harrell
El punto de referencia más útil llegó en junio de 2026. Nature Medicine publicó los resultados de casi dos años en los que Harrell usó su implante en casa durante más de 3800 horas. Produjo casi 2 millones de palabras y más de 183 000 frases, con una media de 56 palabras por minuto. El equipo que lo atiende en casa maneja el sistema sin investigadores, y Harrell ha vuelto a trabajar a tiempo completo como activista medioambiental.
El mismo estudio muestra cómo la precisión de laboratorio se aleja de la vida real. En las pruebas controladas el sistema reconoció correctamente más de un 99 % de las palabras. En el habla de cada día, el propio Harrell calificó el 92 % de las frases como precisas o casi precisas. Más o menos una frase de cada doce salía con un error apreciable. Eso se nota en una conversación diaria, aunque para los estándares de 2023 habría parecido un milagro.
La configuración de Harrell tiene sus propios límites: sus matrices de electrodos las fabrica otra empresa, Blackrock Neurotech, y sigue conectado a un ordenador externo. El diseño inalámbrico de Neuralink podría resultar más cómodo en casa. Pero la única forma de comprobarlo es la misma: meses de vida normal, no una semana.
A qué distancia queda una conversación real
Incluso en el mejor de los casos, 75 palabras por minuto es menos de la mitad del ritmo del habla normal. Basta para dictar un correo. No para discutir durante la cena.

La conversación también depende de la rapidez para responder: una pausa de unos segundos rompe el ritmo, y el interlocutor termina tu frase o se distrae con el móvil. Neuralink no dijo nada de la latencia, que importa más para una charla en directo que una velocidad récord.
En tres años, los implantes del habla pasaron de equivocarse en una palabra de cada cuatro a fallar en menos de una de cada cien en las pruebas. Harrell dice que ninguna tecnología que ha probado le permitió comunicarse tan cerca de su manera natural de hablar. A los participantes de VOICE les falta demostrar eso mismo: no en su primera semana, sino en casa, mes tras mes.
A Harrell le llevó casi dos años llegar a sus 2 millones de palabras. ¿Cuántas habrá acumulado para entonces un participante de Neuralink y cuántas de ellas serán erróneas?







