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El 6 de noviembre de 2026, unos 15 millones de dólares en la criptomoneda Zcash dejaron de poder gastarse. Nadie sabe de quién es ese dinero: ni los desarrolladores, ni los exchanges, ni la propia red. Las monedas están en Sprout, el primer pool privado de Zcash, que arrancó casi exactamente diez años antes. A las 02:34 UTC la red dejó de aceptar un tipo de transferencia antiguo, el único capaz de sacar dinero de Sprout. En ese momento el pool guardaba 12.224 ZEC. Sprout se diseñó para ocultar dueños e importes, así que desde fuera solo se ve un número: el saldo total.

Más raro aún es lo que pasó antes de la congelación. En marzo de 2026 ese mismo pool contenía 25.424 ZEC, y los desarrolladores daban esas monedas por perdidas para siempre. En los quince meses anteriores el saldo apenas se había movido. Entonces el pool recibió fecha de cierre y, en pocos meses, la mitad de las monedas salió por la puerta. El dinero que todos creían muerto solo estaba esperando.

Dinero nacido junto a una hoguera

Zcash se lanzó el 28 de octubre de 2016 como una especie de bitcoin con modo invisible. En bitcoin cada transferencia es pública: la dirección de quien envía, la de quien recibe, el importe. En Zcash podías mover monedas a un «pool blindado»: una bóveda común y opaca dentro de la red. Las monedas entran y salen, pero nadie ve qué hay dentro ni de quién es. La red solo ve una prueba de que cada transferencia es válida. Quién pagó a quién, y cuánto, queda en secreto.

El truco es una prueba de conocimiento cero: una forma de demostrar que el dinero es tuyo y que no lo gastas dos veces, sin revelar ni el dinero ni quién eres. Antes de 2016 nadie había hecho funcionar algo así a gran escala. Sprout fue el primero.

Aquellas matemáticas traían un subproducto muy desagradable. Antes del lanzamiento, el sistema necesitaba un conjunto de parámetros compartidos que había que generar una sola vez. El proceso también producía unos datos que los propios desarrolladores llamaban «residuo tóxico». Quien los conservara podría acuñar monedas falsas sin límite, y nadie lo notaría jamás.

La solución rozó el teatro. Seis personas en seis estaciones distintas generaron los parámetros juntas. Cada una aportó un fragmento del secreto, y bastaba con que una sola destruyera el suyo para que el residuo tóxico no pudiera reconstruirse nunca. La periodista Morgen Peck siguió de cerca la estación de Boulder (Colorado) para IEEE Spectrum. El ordenador se compró nuevo en Denver y le arrancaron la tarjeta inalámbrica y el disco duro. Los resultados intermedios se grababan en DVD de una sola escritura, y cinco cámaras filmaban la sala.

Una de las estaciones era itinerante. El desarrollador de bitcoin Peter Todd calculó su parte en un portátil metido en una caja de cartón forrada de papel de aluminio mientras cruzaba en coche la Columbia Británica. Después quemó la máquina con un soplete de propano. Su objetivo, dijo, era superar a todas las demás estaciones «en gloria cypherpunk canadiense».

En Colorado no hubo soplete, pero sí espectáculo. El fundador de Zcash, Zooko Wilcox, su hermano Za y Jessica, la mujer de Za, destruyeron el equipo en un patio trasero de Longmont a la luz de los faros de un coche. Za le metió la radial a un Lenovo de sobremesa, Zooko la emprendió a mazazos con la torre y los restos acabaron en un brasero rociado con líquido de mechero. El aire olía a plástico derretido. «Y por esto, niños, el 23 de octubre tenemos fuegos artificiales», dijo Zooko para la posteridad.

Para que el secreto no pudiera reconstruirse jamás, un ordenador de la ceremonia acabó destrozado y arrojado al fuego
Para que el secreto no pudiera reconstruirse jamás, un ordenador de la ceremonia acabó destrozado y arrojado al fuego

Un fallo que solo conocían cuatro personas

La hoguera protegía contra una sola amenaza: que alguien guardara en secreto el residuo tóxico. Contra un error en las propias matemáticas no servía de nada.

La noche del 1 de marzo de 2018, Ariel Gabizon, criptógrafo de Zcash Company, la empresa detrás de la moneda, preparaba una charla para un taller académico. Mientras la preparaba, encontró un agujero en el esquema usado para generar los parámetros. Por culpa del fallo, el registro público de la ceremonia contenía elementos de más. Con ese registro en la mano, alguien podría falsificar una prueba y acuñar un número ilimitado de monedas dentro de Sprout. Sin que nadie lo detectara.

Al principio solo lo sabían cuatro personas: Gabizon, su colega criptógrafo Sean Bowe, el consejero delegado Zooko Wilcox y el director de tecnología Nathan Wilcox. La empresa borró el registro público de la ceremonia y dijo que había sido un accidente. El arreglo viajó escondido dentro de Sapling, una gran actualización programada que entró en vigor el 28 de octubre de 2018. Según la empresa, ni sus propios ingenieros sabían lo que estaban lanzando. Más tarde el registro se reconstruyó a partir de los DVD y se volvió a publicar. El fallo en sí siguió en secreto hasta febrero de 2019.

El fundador de Zcash, Zooko Wilcox-O’Hearn, en el 34.º Chaos Communication Congress de Leipzig, diciembre de 2017
El fundador de Zcash, Zooko Wilcox-O’Hearn, en el 34.º Chaos Communication Congress de Leipzig, diciembre de 2017Foto: Tobias Klenze / Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0

La empresa no encontró rastro de ningún ataque en la cadena de bloques. Para llegar a esa conclusión se apoyó en un detalle que vuelve una y otra vez en esta historia. Sprout funciona como un torniquete. No ves lo que hay dentro, pero la red cuenta cuántas monedas han entrado y cuántas han salido. Si alguien hubiera acuñado monedas falsas y retirado más de lo que se depositó, el saldo del pool habría bajado de cero. Nunca pasó, y la empresa eligió sus palabras con cuidado: mientras el saldo siga por encima de cero, no se ha detectado ninguna falsificación.

El torniquete tiene un límite honesto. Garantiza que del pool no pueden salir más monedas de las que entraron. Pero si la falsificación existió y las monedas falsas se retiraron, los últimos que quedaran en Sprout cargarían con el descuadre: dentro no habría monedas reales para todos.

Ese mismo contador marca hoy 12.224 ZEC.

Nadie ve el interior del pool, pero el torniquete cuenta cada moneda que entra y sale
Nadie ve el interior del pool, pero el torniquete cuenta cada moneda que entra y sale

La puerta cerrada desde fuera

// Cronología

  1. Se lanza Zcash. Las transferencias privadas solo pasan por el pool Sprout.
  2. El criptógrafo Ariel Gabizon descubre en Sprout un fallo que permitiría acuñar monedas.
  3. Una actualización programada, Sapling, cierra el fallo sin hacer ruido.
  4. La empresa detrás de Zcash revela el fallo.
  5. La actualización Canopy prohíbe nuevos depósitos en Sprout.
  6. Un investigador ayudado por IA encuentra un segundo agujero: los nodos no verificaban las transacciones de Sprout.
  7. NU7 congela lo que queda en el pool: 12.224 ZEC.

Después de 2018, Sprout quedó obsoleto. Zcash añadió pools más nuevos, Sapling y más tarde Orchard, más rápidos, más ligeros y más fáciles de usar. Mantener el diseño antiguo era dejar una puerta de más para que algún ladrón la encontrara.

El 18 de noviembre de 2020, la actualización Canopy prohibió los nuevos depósitos en Sprout. Sacar monedas seguía siendo posible. Entre los argumentos de los desarrolladores había una frase que, seis años después, suena casi profética: la posibilidad de otras debilidades criptográficas «no puede descartarse por completo».

¿Y quién ha tenido monedas ahí todo este tiempo? Casi seguro que no gente corriente con una app en el móvil. Un desarrollador de Zcash que firma en el foro del proyecto como nuttycom señaló que ningún monedero para el gran público llegó a admitir Sprout. Solo podía usarlo quien tuviera su propio nodo completo: los primeros mineros, los entusiastas y los primeros inversores de 2016 y 2017. Algunos probablemente han perdido sus contraseñas. Otros simplemente dejaron de prestar atención cuando el precio de la moneda cayó.

Un segundo agujero, encontrado con IA

En marzo de 2026 quedó claro que aquella cautela estaba justificada. El investigador Alex Sol, que se hace llamar Scalar, usó IA para descubrir que zcashd, el principal software de nodo de Zcash, no comprobaba en absoluto las pruebas de las transacciones de Sprout desde julio de 2020. Un minero malintencionado podría haber vaciado del pool más de 25.000 ZEC, que entonces valían unos 6,5 millones de dólares.

El aviso llegó el 23 de marzo, y en tres días los mayores mineros ya habían instalado el parche. Nadie aprovechó el fallo. Incluso en el peor de los casos, el mismo torniquete habría puesto techo al daño: un atacante podría haber robado monedas ajenas del pool, pero no sacar más de lo que había dentro. Sol recibió una recompensa de 200 ZEC.

Para quienes querían acabar con Sprout, este fue el argumento de más peso. Casi nadie usa el código viejo, así que casi nadie lo revisa. Pero el dinero que hay dentro es real.

La mitad de las monedas «muertas» resucitó

En octubre de 2024, la criptógrafa Daira-Emma Hopwood propuso apagar Sprout para siempre. Su razonamiento: casi nadie lo usaba, pero cada nodo de la red tenía que verificar sus transferencias, lo que lo convertía en un flanco de ataque innecesario. Y el único software con monedero para Sprout estaba a punto de jubilarse.

En diciembre de 2024, con 26.054 ZEC todavía en el pool, el foro de Zcash lanzó una encuesta y el debate se calentó. Un participante calificó la congelación de «falta total de respeto a los primeros poseedores, mineros, inversores, a la privacidad y a la inmutabilidad». Otro se preocupaba por quienes simplemente se habían olvidado de Zcash y pedía un «plan B» para poder recuperar las monedas más adelante. Hopwood respondió que recuperarlas después era posible en teoría. Pero instó a cualquiera que aún tuviera las claves a mover su dinero ya, mientras el software antiguo siguiera funcionando. Los demás, escribió, por desgracia muy probablemente ya habían perdido sus claves.

Luego, durante más de un año, no pasó nada. Hasta marzo de 2026 el saldo bajó apenas 630 monedas.

Y entonces todo se movió a la vez. Desde marzo el precio de ZEC se multiplicó aproximadamente por cinco, y unas monedas olvidadas pasaron de repente a valer dinero de verdad. NU7 recibió fecha: primero el 5 de noviembre, después una altura de bloque exacta. En septiembre los avisos corrieron por la prensa cripto, Zooko Wilcox los repitió en X y los miembros del foro pidieron a todo el mundo que revisara sus monederos antiguos. En pocos meses salieron del pool 13.200 monedas, más de la mitad de lo que se había dado por perdido.

El paralelo más cercano es un Estado que retira billetes antiguos de la circulación. El 8 de noviembre de 2016, once días después del lanzamiento de Zcash, la India declaró sin validez sus billetes de 500 y 1000 rupias, y la gente tuvo hasta final de año para ingresarlos en el banco. Al final, el 99,3 % de los billetes volvió. Una fecha límite funciona mejor que cualquier campaña de persuasión. Pero quien tiene billetes viejos puede ir a un banco. Quien tiene monedas en Sprout no tiene adónde ir: en la red no hay ventanilla ni empleado que te mire a los ojos y decida creerte.

La llave sigue ahí, pero la cerradura ya no existe
La llave sigue ahí, pero la cerradura ya no existe

Congeladas, no quemadas

Técnicamente, los 12.224 ZEC no han ido a ninguna parte. La propuesta de Hopwood, ZIP 2003, subraya que las monedas no se queman y siguen contando como emitidas. La red simplemente rechaza las transacciones que podrían moverlas. Una actualización futura podría rehabilitar el formato antiguo o inventar otra forma de rescatar los fondos. Aun así, el documento habla con franqueza de las probabilidades: la posibilidad de gastar los fondos de Sprout «puede que nunca se vuelva a habilitar».

Ya circulan ideas para sacar el dinero. Sean Bowe, uno de los cuatro que guardaron el secreto del fallo de 2018, ha esbozado un mecanismo de recuperación, aunque el día de la activación no había nada aprobado. Ya en 2024 el foro habló de un «último recurso»: reunir el saldo restante en un único monedero y pagar a cualquiera que demuestre tener una clave antigua. La prueba, una vez más, sería de conocimiento cero. Hasta sus defensores admitían que el resultado sería «escandalosamente centralizado». Alguien tendría que custodiar ese monedero, y todos tendrían que fiarse de él.

Bitcoin se enfrenta a la misma pelea

Zcash ha hecho lo que bitcoin todavía discute. En abril de 2026, el desarrollador Jameson Lopp y cinco coautores propusieron BIP-361: cinco años después de su activación, congelar las monedas guardadas en direcciones que los futuros ordenadores cuánticos podrían romper. Eso abarca unos 6 millones de BTC, incluidos unos 1,7 millones en las direcciones más antiguas, entre ellas las monedas de Satoshi Nakamoto. La lógica es la misma que en Zcash: mejor congelar las monedas que esperar a que otro las robe.

Los autores prometen a los dueños que conserven su frase de recuperación una forma de reclamar sus fondos. Para las direcciones más antiguas, las de Satoshi incluidas, reconocen que nadie ha encontrado todavía un rescate así. Como en Sprout, esas monedas podrían quedarse sin cerradura alguna. Hace una semana FUTURMAG analizó por qué las monedas antiguas son las más expuestas.

La reacción a la propuesta de Lopp fue feroz. Phil Geiger, de Metaplanet, una empresa japonesa que acumula bitcoin, resumió la objeción principal en una frase: «Tenemos que robarle el dinero a la gente para evitar que se lo roben».

Las criptomonedas prometieron un dinero que nadie puede quitarte: ni un banco, ni un Gobierno, ni los desarrolladores. Sprout muestra dónde termina esa promesa. El código viejo acaba convirtiéndose en un agujero, y una comunidad tiene que decidir qué es más peligroso: dejarlo abierto o sellarlo con dinero ajeno dentro. Zcash eligió sellarlo y fijó una fecha límite pública. Más de la mitad de las monedas salió a tiempo.

Las otras 12.224 siguen detrás de un torniquete que no deja de contarlas fielmente. Si dentro de cinco años alguien encuentra un disco duro viejo con una clave de Sprout, ¿quién decide si recupera su dinero: el código, los desarrolladores o una encuesta en un foro?