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Es 27 de octubre de 2026 y en Jerusalén son las 21:42. Faltan menos de veinte minutos para que cierren los colegios electorales de Israel. En Polymarket, la mayor plataforma del mundo para apostar sobre acontecimientos reales, aparece un monedero recién estrenado. Seis minutos después, a las 21:48, su dueño pone 14.000 dólares a que Benjamín Netanyahu y su partido, el Likud, lo harán mejor de lo esperado. La víspera, el mercado le daba a Netanyahu un 27,5 % de probabilidades de seguir siendo primer ministro. A las 22:00, las televisiones emiten sus sondeos a pie de urna y las cuotas se disparan. Al día siguiente, su dueño cobró unos 42.000 dólares, según The New York Times.
Aún no se sabe si este monedero en concreto figura entre los que Polymarket está examinando. Pero no estaba solo: esa noche hubo cientos de monederos nuevos como él. Las primeras en detectarlos fueron empresas de análisis que no hicieron más que leer un registro público. Las apuestas de Polymarket funcionan sobre una blockchain, así que cualquiera puede consultarlas una por una. Esa transparencia delata en cuestión de minutos a quien juega con ventaja. Lo que todavía no consigue es frenarlo.
Seiscientos monederos nacidos el día de las elecciones
Antes de la votación, el mercado tenía claro su favorito: el rival de Netanyahu, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, con un 56 % frente al 27,5 %. Al Likud solo le daba un 26 % de opciones de ser el partido con más escaños. En una sola noche, todo dio un vuelco. Tras los sondeos a pie de urna, Netanyahu cotizaba al 48 %, y el miércoles por la mañana el primer puesto del Likud cotizaba ya al 99 %. Con parte del voto escrutado, el Likud tenía 27 de los 120 escaños de la Knéset, el Parlamento israelí, y el partido de Eisenkot, 21.

Así que la multitud, con decenas de millones de dólares en juego, se equivocó. Y los monederos nacidos el día de la votación acertaron.
Bloomberg rastreó los registros de la blockchain y encontró más de 600 monederos creados el día de las elecciones y sin ningún historial de operaciones. Todos apostaron por Netanyahu o por el Likud. Según Bloomberg, algunas de esas cuentas nuevas ya han retirado en conjunto más de 100.000 dólares, y el resto acumula ganancias sobre el papel. La firma de análisis Bubblemaps aplicó un criterio más estricto y contó 101 cuentas que recibieron su primer depósito el día de la votación, antes del cierre de los colegios. El martes por la noche, el servicio de seguimiento Polysights publicó que sus herramientas detectaban “entradas masivas de compras de SÍ en monederos nuevos” y dijo que el asunto merecía sin duda una investigación.

¿Quién podía saberlo? Israel emite los sondeos a pie de urna en cuanto cierran los colegios, pero los encuestadores preguntan a los votantes a la salida durante toda la jornada. Así que las cifras existen antes: para quien hace o paga la encuesta y para las campañas que tienen sus propios encuestadores. Nada de esto demuestra nada. Solo explica por qué los analistas miran con lupa los últimos minutos antes de las 22:00. Y no es la primera vez que pasa. Esta primavera, NPR descubrió que miembros de campañas estadounidenses ganaron miles de dólares apostando por sus propios candidatos gracias a encuestas internas.
Polymarket no ha hecho ninguna declaración pública, pero confirmó a la prensa que está revisando decenas de monederos nuevos. Por ahora, según la empresa, no ha encontrado indicios de información privilegiada: puede que los apostantes hubieran hecho bien sus cálculos o que simplemente tuvieran suerte. Bloomberg añade que en un mercado así cuesta distinguir una filtración de una corazonada afortunada.
Cómo un precio se convierte en pronóstico
Un mercado de predicciones funciona como una bolsa en la que la gente compra y vende contratos sobre el desenlace de un acontecimiento. Un contrato de “sí” cuesta entre 1 centavo y 1 dólar y paga exactamente un dólar si el hecho ocurre, o nada si no ocurre. Si el contrato cotiza a 27 centavos, el mercado le asigna un 27 % de probabilidades. Miles de personas arriesgan su propio dinero, y el precio condensa lo que saben en una sola cifra. Por eso las cuotas de Polymarket y de su rival Kalshi ya se citan en los informativos junto a las encuestas. En las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos del 3 de noviembre de 2026, los estadounidenses apostaron unos 1.900 millones de dólares.
Nadie mueve un precio con más fuerza que quien ya conoce la respuesta. Shayne Coplan, fundador de Polymarket, llegó a decir que era “genial” que la plataforma creara un incentivo económico para revelar información al mercado. Es verdad que esos apostantes afinan el pronóstico. Pero quien está al otro lado de la operación juega contra alguien que ya ha visto las cartas.
Un soldado, un ingeniero y un reservista
Polymarket ya tiene su propio expediente de personas que, según la fiscalía, convirtieron un secreto del trabajo en una apuesta.
// Cronología
- Israel ataca a Irán. Una cuenta nueva llamada ricosuave666, que había apostado por el ataque de antemano, gana unos 155.000 dólares.
- Un ingeniero de Google que opera bajo el alias AlphaRaccoon usa presuntamente datos internos para apostar más de 2,7 millones de dólares sobre la lista de búsquedas más populares del año que publica la propia empresa. Su beneficio supera los 1,2 millones.
- Gannon Van Dyke, soldado de las fuerzas especiales de EE. UU., hace unas 13 apuestas a que Nicolás Maduro dejará pronto el poder. En enero, su unidad participa en la operación de Caracas que termina con la captura de Maduro. Su beneficio: unos 409.000 dólares.
- La fiscalía israelí acusa a un reservista y a un civil de usar secretos militares para apostar en Polymarket. No se revelan ni sus nombres ni las apuestas.
- Van Dyke es imputado en la primera causa penal de EE. UU. por apuestas en mercados de predicciones.
- Cientos de monederos nuevos apuestan por Netanyahu justo antes del cierre de los colegios.
El caso del soldado es revelador por cómo lo pillaron. Van Dyke se registró en Polymarket con su correo personal. Cuando detectives aficionados en internet y periodistas repararon en las ganancias, pidió a la plataforma que borrara su cuenta alegando que había perdido el acceso a ese correo. Ese mismo día, según la fiscalía, cambió la dirección registrada. Jay Clayton, fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, dijo que los mercados de predicciones “no son un refugio” para lucrarse con información confidencial o clasificada. El ingeniero de Google, Michele Spagnuolo, fue imputado en mayo; la empresa lo suspendió.
El caso israelí es más turbio. La fiscalía no dio a conocer ni a los acusados ni las apuestas que se les atribuyen. Lo único público es que los investigadores habían examinado apuestas sobre el ataque de junio contra Irán, así que cualquier vínculo con ricosuave666 sigue siendo una conjetura.
Hay historias más sencillas. El excongresista George Santos usó Kalshi para apostar sobre si él mismo asistiría al discurso del Estado de la Unión del presidente, y lo fue contando en redes sociales sobre la marcha. Ganó 17.839,57 dólares y se llevó una expulsión de por vida y una multa de 71.356 dólares.
Una transparencia que no frena a nadie
Tras la detención del soldado, el director jurídico de Polymarket, Neal Kumar, escribió en X: “No es anónimo: te encontrarán igual que a este tipo”. Después del caso del ingeniero, un portavoz de la empresa insistió en lo mismo: las operaciones en blockchain son transparentes y los tramposos dejan huellas.
Una blockchain registra cada apuesta, para siempre y a la vista de todos. Es excelente para revelar quién sabía de antemano. Lo que no hace es impedirle que se lleve el dinero.
Las huellas existen. Cada monedero, cada importe y cada minuto son públicos, y por eso Bubblemaps y Polysights detectan picos sospechosos antes que la prensa. Dentro de Polymarket, esa tarea recae en Shana Bautista, exfuncionaria del FBI. Su equipo de 16 personas cruza datos de redes sociales, bancos, empresas cripto y la Comisión Federal de Elecciones, que controla el dinero de las campañas en EE. UU. Según ella, el sistema genera cientos de alertas al día. Uno de los patrones sospechosos que describió a NPR resultará familiar: alguien abre varios monederos nuevos en ráfagas cortas, y el mismo identificador de dispositivo aparece en todas sus apuestas. “Si decides que eres más listo y que puedes hacerlo, te encontraremos”, advirtió.
Bautista asegura que su equipo nunca ha tenido un caso en el que no pudiera, al menos en teoría, identificar a quien estaba detrás de los monederos. Aun así, encontrar a alguien y recuperar el dinero son dos cosas distintas. La mayor parte de las operaciones se hace en la plataforma internacional de Polymarket, donde basta un correo electrónico para registrarse. La versión estadounidense, supervisada por un regulador federal, pide identificación, pero mueve menos del 10 % de las operaciones. La blockchain muestra que un monedero se creó seis minutos antes de su apuesta. No muestra de quién es, y las ganancias se retiran en cuestión de horas. Durante las elecciones de mitad de mandato, la empresa ha remitido al menos dos investigaciones a ese regulador, la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC). Según NPR, la agencia ha dejado en gran medida la vigilancia en manos de las propias plataformas. Las causas penales por apuestas todavía se cuentan con los dedos de una mano.
En marzo, Joshua Mitts, de la Facultad de Derecho de Columbia, y Moran Ofir, de la Universidad de Haifa, le pusieron cifra al problema: más de 210.000 operaciones sospechosas entre 2024 y 2026 y 143 millones de dólares en beneficios anómalos. Los propios autores lo consideran un límite inferior. Harry Crane, estadístico de la Universidad Rutgers, sostiene que su método toma por sospechosas demasiadas apuestas afortunadas. Así que los 143 millones deben leerse como un orden de magnitud, no como la cuenta exacta de lo robado.

Quién paga la ventaja ajena
En la bolsa, el uso de información privilegiada perjudica a los accionistas. En un mercado de predicciones, perjudica a quien le vendió el contrato a alguien que estaba en el secreto. Cada dólar que gana un monedero creado seis minutos antes de su apuesta es un dólar que ha perdido otra persona. Ese monedero compró sus contratos baratos a gente que a las 21:48 todavía se fiaba de las encuestas. El miércoles se los vendió a otros apostantes por el triple, sin esperar al resultado.
Y pagan también todos los demás. Si una filtración mueve las cuotas, la cifra que sale en las noticias ya no refleja lo que piensa la multitud. Refleja el secreto de alguien, traducido a un precio. El 28 de octubre, los senadores Elizabeth Warren y John Curtis pidieron a Kalshi y a Polymarket que explicaran cómo protegen sus mercados electorales del uso de información privilegiada y de la manipulación. Les dieron de plazo hasta el 3 de noviembre, el día de las elecciones de mitad de mandato, que habían movido 1.900 millones de dólares en apuestas.
El mercado de Polymarket sobre el próximo primer ministro de Israel no se liquidará hasta que el nuevo jefe de Gobierno tome posesión. Eso puede llevar semanas de regateo para formar una coalición. El dueño del monedero que apostó doce minutos antes del cierre de los colegios ya ha cobrado sus 42.000 dólares.







