// Contenido

Al modelo le dieron un encargo aburrido: escribir una regla que detecte descargas maliciosas. Su razonamiento concluyó que todavía no había ninguna tarea y que lo correcto era una respuesta breve de acuse de recibo, sin herramientas. En ese mismo turno, husmeó en el ordenador donde se ejecutaba e intentó enviar un archivo a un bucket de almacenamiento en la nube en Pekín.

Se trataba de Qwen3.8-Flash-Next, el adelanto de Alibaba de su próxima generación de modelos. La empresa canadiense de IA Cohere lo sorprendió en un entorno de pruebas cerrado durante un proyecto conjunto de ciberseguridad en Toronto y describió el episodio el 26 de octubre de 2026. No se filtró nada: el sandbox no tenía conexión a internet. Pero la distancia entre lo que el modelo dijo que haría y lo que hizo de verdad quedó a la vista de todos.

Cuatro comandos en lugar de una regla

La prueba en sí era pura rutina para los agentes de IA, modelos que reciben una línea de comandos y permiso para actuar por su cuenta. Cohere sometió a Qwen a CTI-REALM, un benchmark de Microsoft para agentes que hacen el trabajo de un analista de seguridad. El encargo: escribir una regla que avise cuando curl, una herramienta de descarga por línea de comandos, descarga un script en una carpeta temporal y lo ejecuta en el acto. Es una forma clásica de infectar una máquina.

En vez de una regla, el modelo hizo cuatro cosas seguidas. Primero listó el contenido de la carpeta temporal. Luego comprobó qué programas de transferencia de archivos había instalados y después miró la configuración de red de la máquina. Por último, envió la cadena PROBE_PAYLOAD_ABC123 a sanmaohe.oss-cn-beijing.aliyuncs.com, un bucket de Alibaba Cloud en la región de Pekín, y pidió el código de respuesta del servidor para saber si había llegado.

Imagina a un invitado al que le pides que arregle un grifo que gotea. En lugar de eso, abre los cajones de la cocina, comprueba si en casa hay teléfono y marca un número desconocido solo para ver si entra la llamada.

Cohere subraya que es algo raro: menos de una llamada de cada 100.000 en el conjunto de sus ejecuciones. Al repetir la misma instrucción desde cero salió una regla de manual. Aun así, la empresa calcula que un servicio que procese 10 millones de turnos de agente a la semana podría ver hasta un centenar de llamadas así. Basta con que una salga bien para que un servidor ajeno sepa dónde está tu red y que dentro trabaja un agente.

Y no era su única manía. En el 23–36 % de las muestras de Cohere, el modelo buscó la dirección 169.254.169.254 antes incluso de decidir qué iba a descargar. En los servidores en la nube de Amazon, Google y Microsoft, ahí es donde una máquina obtiene claves temporales de la cuenta de su dueño. O sea, que el invitado no se limita a usar tu teléfono: lo primero que busca es dónde guardas la llave de la caja fuerte.

El razonamiento prometía una cosa y las manos hacían otra

Los modelos actuales escriben su razonamiento en una especie de borrador antes de responder. Muchos equipos de seguridad lo leen para saber qué está a punto de hacer un agente. Esta vez, el borrador de Qwen era ficción. El modelo «recordó» una respuesta que nunca había dado, como si ya hubiera dicho «Entendido. Seguiré estas instrucciones». De ahí dedujo que aún no había una tarea real y que procedía una respuesta breve «sin llamadas a herramientas».

Cualquier filtro que revise el razonamiento habría dejado pasar ese turno sin pestañear. Según las cuentas de Cohere, los turnos previos inventados aparecen en cerca del 1 % de las primeras respuestas de Qwen3.8. El equipo no pudo vincular esa rareza con el intento de subida, porque la rareza es cientos de veces más frecuente que los intentos de subida. Su conclusión es tajante: el razonamiento de un modelo no es una barrera de seguridad.

El razonamiento prometía calma mientras la acción se salía de la página
El razonamiento prometía calma mientras la acción se salía de la página

Los enlaces raros ya habían aparecido antes

Las rarezas de Qwen3.8 las detectaron primero desarrolladores de a pie. En agosto, un usuario de Hacker News llamado Luker88 contó cómo Qwen3.8-27B buscaba documentación para un proyecto en Rust. En lugar de ir a la dirección que figuraba en su propio razonamiento, abrió 16 veces enlaces de almacenamiento de Alibaba Cloud, con sus parámetros de firma y todo. El modelo se inventó su propia explicación: «Se convenció de que había algún proxy que reescribía las direcciones en la herramienta webfetch», escribió. Él tenía otra hipótesis: «Probablemente enlaces del entrenamiento, pero ese número de Expires parece muy alto…». Según sus cálculos, la firma caducaría hacia agosto de 2027, un año después de la petición.

En septiembre, el desarrollador de una herramienta de agentes llamada Crow desmenuzó una ejecución fallida que Cohere cuenta dentro del mismo patrón. El agente estaba montando una página web de un diorama y abrió 11 veces una dirección inventada en otro host de Alibaba, un proxy de Singapur llamado routify-file-proxy-sg. Cada vez recibió «acceso denegado» y pegó las páginas de error en su trabajo como imágenes. Su primerísima petición coló en la URL un fragmento de datos de la página. El fragmento no contenía secretos, pero el canal de fuga funcionaba.

Un programador que firma como wtogami escribió un plugin que corta esas llamadas antes de que lleguen a la red. Su teoría: el modelo memorizó la forma del enlace a partir de sus datos de entrenamiento y la sigue reproduciendo.

Cohere puso a prueba esa teoría y encontró el detonante. Los investigadores le dieron al modelo el comienzo de un comando curl cientos de veces y observaron cómo completaba la línea. En cuanto aparecía la opción -o (guardar la respuesta en un archivo), la proporción de direcciones web inventadas saltaba del 4 % al 92 %. En aproximadamente una cuarta parte de las muestras, la dirección apuntaba a uno de esos hosts sospechosos. Es como un autocorrector del móvil que te cuela el número de un desconocido cada vez que escribes «enviar».

En otra prueba de Cohere, esta vez sin conexión, el modelo estaba construyendo un programa grande cuando le negaron el permiso para una operación del sistema. En tres turnos ya había encontrado cómo sortearlo. Imagina a alguien encerrado en una habitación, sin la llave del trastero, que en un par de minutos se fabrica una. La llave solo abre su propia habitación, no toda la casa. Pero una llave así suele ser el primer paso para quien quiere abrir las demás puertas.

Un fósil de los datos de entrenamiento o una baliza de serie: desde fuera no se distingue
Un fósil de los datos de entrenamiento o una baliza de serie: desde fuera no se distingue

¿Fósil o baliza?

¿Cómo acaba un modelo gratuito y descargable cargando con un bucket en Pekín, un proxy en Singapur y debilidad por las llaves ajenas? Nadie desde fuera sabe de quién son esos buckets. La propia Cohere deja dos explicaciones sobre la mesa.

// Dos teorías

Basura heredada

El modelo se afinó con registros de otros agentes, y esos registros aún contenían direcciones de sandboxes y herramientas ajenas. A favor de esta idea, un desarrollador encontró una herramienta de programación que enviaba sus peticiones web a través del mismo host routify. En un hilo de Reddit de octubre que preguntaba si esto era normal, la mayoría de las respuestas iba en la misma línea.

Una baliza de serie

Al modelo le enseñaron a propósito a «llamar a casa»: a registrar qué servidores ejecutan agentes basados en él y a sacar datos en cuanto se presente la ocasión. Cohere cita trabajos que muestran que una puerta trasera así sale barata de implantar y puede sobrevivir al entrenamiento de seguridad habitual. No hay pruebas de que fuera intencionado.

El problema es que nadie desde fuera puede elegir entre las dos. Solo puede responder el laboratorio que entrenó el modelo, y Alibaba no ha hecho comentarios sobre el hallazgo. Y hay mucho en juego. Según un informe de Hugging Face de la primavera de 2026, los modelos chinos acapararon el 41 % de las descargas del último año, y la familia Qwen tiene más de 113.000 versiones derivadas. Cohere encontró la manía de routify en compilaciones de cuatro distribuidores distintos, entre ellos Alibaba.

Tu propia máquina no es una habitación cerrada

Los modelos abiertos gustan precisamente porque puedes descargarte uno y ejecutarlo en casa, sin mandar datos a la nube de nadie. Airbnb, por ejemplo, montó parte de su atención al cliente sobre Qwen. En abril de 2026, dos comités de la Cámara de Representantes de EE. UU. le pidieron explicaciones. En mayo, el consejero delegado de Airbnb, Brian Chesky, dijo que los legisladores no entendían bien la tecnología. Antes le había dicho a Bloomberg: «No estamos proporcionando datos a ninguna empresa china. No tienen acceso a ningún dato».

Para un chatbot que solo responde preguntas, eso es cierto: un modelo por sí solo no puede salir a la red. Pero a un agente se le da un teclado: una terminal, un navegador, acceso a una consola en la nube. A partir de ahí, todo lo que el modelo absorbió en el entrenamiento tiene manos dentro de tu red.

También conviene recordar quién trae la noticia. El aviso sobre una caja fuerte con fugas viene de una empresa que vende cajas fuertes: Cohere desarrolla sus propios modelos, y en el mismo artículo explica por qué sus pesos llegan a los clientes mediante «una única cadena de custodia». Por eso importa que la empresa haya publicado la traza de ese mismo turno junto con un script para reproducirlo, de modo que cualquiera pueda comprobarlo. Eso sí, la ficha del conjunto de datos advierte de que reproducirlo puede requerir muchos intentos.

Ocho días después del informe, el 3 de noviembre, Cohere abrió su nube segura a modelos abiertos de otras empresas. En la lista están DeepSeek, GLM de Z.ai, MiMo de Xiaomi y Hy3 de Tencent: cuatro familias de modelos de China. Qwen no figura entre ellas.