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El plan preveía ocho horas de ascenso hasta la cumbre del monte Shasta. Tres excursionistas novatos de Roseville, California, salieron del campamento a las 3 de la madrugada, hicieron cumbre a las 7 de la tarde y bajaron de la montaña a la mañana siguiente escoltados por los equipos de rescate. La oficina del sheriff del condado de Siskiyou calificó su preparación de «error crítico». Según contaron los propios excursionistas, Gemini, de Google, les planificó la ruta y la lista de equipaje, y les dijo que llevaran mucha menos comida y agua de la que necesitaban.
La historia se difundió con el titular «La IA extravía a unos excursionistas». Un mes después, en Canadá, los rescatistas descolgaron a un chico de 16 años de un acantilado, y las primeras noticias volvieron a señalar a un chatbot, esta vez Claude. Pero basta leer con atención los informes de rescate para que la figura del robot guía malvado empiece a desdibujarse. El guarda jefe de escalada del Shasta dijo que los consejos de Gemini «no eran una información terrible». El adolescente insiste en que trazó su ruta con mapas normales y corrientes. El problema no es que el bot mienta. Es que responde con total seguridad, y un principiante en plena montaña no tiene con qué contrastar esa respuesta.
Ocho horas que se convirtieron en dieciséis
El monte Shasta es un volcán de 4322 metros (14 179 pies) en el norte de California. La ruta de Clear Creek que eligió el trío no es técnica: ni cuerdas ni material de escalada, solo resistencia y preparación. El sábado el grupo acampó a unos 2560 metros. A las 3 de la madrugada del domingo partieron hacia la cumbre con mochilas ligeras.

Los guardas recomiendan dar media vuelta si a mediodía no se ha llegado a la cima: así queda luz suficiente para bajar. A mediodía el trío llevaba nueve horas subiendo, una más de lo que debía durar todo el ascenso. La cumbre aún quedaba a siete horas. Ese era el momento de volver. Siguieron adelante y coronaron a las 7 de la tarde.
Bajaron de noche, se les murieron los móviles y, al cabo de una hora más o menos, se desviaron de la ruta hacia el cañón de Mud Creek, uno de los terrenos más peligrosos de la montaña. Esa noche uno de ellos se cayó y se lesionó la rodilla. Por la mañana, los guardas de escalada del Servicio Forestal de Estados Unidos y los voluntarios de búsqueda y rescate del sheriff los encontraron «agotados, hambrientos y sedientos».
Lo único que se sabe de lo que dijo Gemini procede de los propios excursionistas. Le contaron a un agente que se habían apoyado en el bot tanto para la ruta como para la lista de equipaje. Les dijo que llevaran menos comida y agua y que priorizaran los hidratos de carbono simples sobre las grasas, que supuestamente «tardan demasiado en digerirse».

«No era una información terrible»
Nick Meyers es el guarda jefe de escalada del Servicio Forestal en el Shasta y dirige el Centro de Avalanchas del Monte Shasta. Dice que 2026 es el primer año en que se ha topado con incidentes de visitantes relacionados con la IA. Esta temporada hubo tres, y solo uno requirió rescate. En otro, un visitante se presentó con un mapa dibujado por una IA, que Meyers resumió como «terrible, malísimo». El tercero parece un chiste. Una mujer montó la tienda donde está prohibido acampar y les dijo a los guardas: «Bueno, ChatGPT me dijo que podía acampar aquí».
Más interesante es lo que Meyers dijo del trío. A su juicio, los consejos de Gemini no eran terribles; los verdaderos problemas del grupo fueron la falta de instinto de montaña y las malas decisiones. Cargar hidratos para una ascensión larga no es ninguna locura. El fallo está en otra parte. El bot entregó un plan, pero no la regla que más importa: si a mediodía no estás arriba, te das la vuelta. En la montaña esa regla pesa más que cualquier lista de equipaje, y hay que cumplirla justo cuando la cumbre parece estar al alcance de la mano.
Ahí está el meollo. Un bot responde a la pregunta que se le hace, y lo hace con aplomo. Un principiante no sabe qué preguntar ni ve lo que la respuesta se calla. Meyers advirtió de que la IA puede dar demasiada confianza a la gente sin experiencia. Un escalador curtido leería el mismo plan y preguntaría de inmediato: «¿Y la hora límite para dar la vuelta?». Un principiante lo lee y echa a andar.

Una montaña que Claude nunca ha subido
El 3 de octubre de 2026, North Shore Rescue sacó a Bryce Gowryluk, de 16 años, de un acantilado del monte Crown, a las afueras de Vancouver. A la cima lleva un sendero de montaña normal, pero él tomó Crown Gully, una trepada en la que por momentos hay que ayudarse de las manos. Más arriba se quedó atascado al pie de la pared final de Widowmaker, una vía de escalada en roca que nadie debería intentar sin cuerda y sin saber usarla. No podía subir ni bajar, así que pidió ayuda.
Tuvo suerte. Los rescatistas acababan de terminar un entrenamiento con helicóptero en esa misma montaña. Uno de ellos llegó hasta él con una cuerda y lo llevó a un punto donde el helicóptero pudiera recogerlo. El coordinador de búsqueda Paul Markey dijo que el chico temía por su vida y había acabado «en una situación que superaba sus capacidades, así que las cosas podrían haberse torcido muy deprisa».

Markey contó primero a la prensa que el adolescente había planificado la salida con Claude. Bryce le dio otra versión a la CBC, la radiotelevisión pública de Canadá. Trazó la ruta en AllTrails y Google Maps, le preguntó a Claude qué llevar y lo usó para comprobar algunos detalles del terreno. Se equivocó de camino en un cruce sin señalizar y, ya en la vía de escalada, se dio cuenta de que no podía volver a bajar. Aun así, tras el rescate, el equipo pidió a los excursionistas que planificaran sus rutas no con IA, sino con herramientas cartográficas como CalTopo, AllTrails y Gaia GPS.
La ironía salta a la vista: el chico se perdió en una ruta que había trazado en AllTrails, y ahora los rescatistas recomiendan AllTrails como alternativa segura a un chatbot.
Desde fuera es imposible decir quién o qué tuvo la culpa en el monte Crown. Lo que sí está claro es lo rápido que el chatbot se convirtió en el primer sospechoso, aunque en la cadena hubiera una aplicación de mapas de lo más corriente. Su nombre llegó a los titulares antes de que nadie preguntara qué había aconsejado en realidad.

Por qué gana la voz segura
Investigadores de la Wharton School, la escuela de negocios de la Universidad de Pensilvania, tienen un nombre para esto. Steven Shaw y Gideon Nave hicieron tres experimentos con 1372 participantes. Debían resolver siete acertijos lógicos diseñados como trampas: una respuesta salta a la mente al instante y es errónea, mientras que la correcta exige pensar con calma. Piensa en la vieja adivinanza «¿Qué pesa más, un kilo de plumas o un kilo de hierro?». Algunos podían pedir ayuda a un chatbot. Los investigadores controlaban el bot en secreto: en unos acertijos acertaba y en otros se equivocaba con la misma seguridad.
// Acertijos lógicos con bot y sin él
Dicho de otro modo, a quienes les tocó un bot equivocado les fue peor que a quienes no tenían ninguno. Además, el bot aumentaba la confianza de la gente, acertara o no su pista. Dos cosas ayudaban: el dinero y saber el resultado al instante. Sin ellas, la gente rechazaba solo una de cada cinco pistas malas. Cuando ganaban 20 centavos por acierto y sabían al momento cómo les había ido, rechazaban el 42 %, casi la mitad. Shaw se cuida de aclarar que fueron experimentos controlados con acertijos, no un mapa completo de cómo usa la gente la IA en su día a día.
Ahora llévalo a una montaña. En el laboratorio, una respuesta errónea le costaba al participante 20 centavos, y el veredicto llegaba al instante. En el Shasta, el veredicto llegó a las 7 de la tarde, y con él, la oscuridad.
Lo que un chatbot no sabe de una montaña
Gemini y Claude pueden buscar en internet, pero no ven cómo está hoy la ladera, y puede que un parte de condiciones reciente ni siquiera esté en la red. Tampoco sabe un bot que tu experiencia se reduce a dos paseos por un parque urbano, a menos que se lo digas. Y no pregunta. Ya en julio de 2026, el Parque Nacional de Grand Teton, en Wyoming, advirtió a los visitantes de que la IA sirve como punto de partida, pero puede dar información desfasada y mandar a la gente al sendero equivocado. «Tu seguridad es responsabilidad tuya», escribió el parque.
Para ser justos, aún no hay pruebas de que los chatbots hayan disparado el número de rescates. La gente se perdía en la montaña mucho antes de que existieran. Lo nuevo es otra cosa. Antes, un excursionista armaba su plan con una docena de fuentes y no podía evitar compararlas. Ahora el plan llega como una única respuesta, pulida y segura, con lista de equipaje incluida.
Tras el rescate, el sheriff de Siskiyou dio un consejo que no necesita tecnología alguna: llamar al puesto de guardas del monte Shasta antes de salir. Quien conteste sabe cómo está la montaña ese día, y es a esa persona a quien hay que hacerle la pregunta que el trío nunca hizo: a qué hora dar la vuelta.







